Todo se volvió muy monotemático y por eso hoy, un 23 de diciembre nublado, voy a cambiar. Hoy voy a hablar de algo tonto e irrelevante, de algo que no ocupe mi cabeza o mi alma o mi cuerpo 24 horas al día, y sobre todo de algo que no me haga llorar mientras lo escribo, o a otro mientras lo lee.
Anoche estaba dándome un regio baño de inmersión y limando los cayos de mis pies con el SPIN SPA(R) que compró mi madre en un ataque de estupidez consumista (gracias ma! es bárbaro!!) y me acordé de mi amiga Gaby que está haciendo un tour de romance con un Rosarino y un par de desconocidos más por la patagonia argentina y me puse a pensar en la gente que usa anticonceptivos y forros. ¿En qué piensa esa gente cuando hace esa elección? Está bien que gracias al maravilloso programa de procreación responsable y salud reproductiva (o algo así), ambos productos se pueden conseguir gratis en casi cualquier centro de salud y algunas farmacias selectas, pero... ¿Para qué? Observemos más detenidamente la lógica que me lleva a plantear tal interrogante:
Los preservativos tienen dos grandes funciones:
- evitar los embarazos
- evitar la transmisión de enfermedades por vía genital
- evitar los embarazos
Ya boludeé demasiado tomando en cuenta que estoy en el laburo. Pero da para pensarlo.
La próxima, algo deprimente sobre mis amigos que no son amistosos, mis hermanas que no son fraternales, mi madre que no es maternal, o yo, que soy una boluda.
Besotes!
Vor.